martes, abril 07, 2009

Son tantas las veces



A veces veo la plenitud como un todo lejano, como aquellas cometas grandes que se veían chicas, diminutas, igual a esas estrellas que, según dicen, podrían aplastarnos, pero caben entre mi índice y pulgar.
A veces toco, con mis yemas, la punta de tus pestañas y lo sé un recuerdo justo cuando me veo sentado frente a este aparato blanco escribiendo con los mismos dedos que ayer estaban en tu boca.

A veces oigo la muerte rondando –sigilosa- cerca de mi espalda y no me estremezco, ni siquiera volteo a mirarla, pues se que esta lejos de su camino, así que de momento nada de llantos, ni rezos, ni canciones de despedidas, nada de claveles, ni rosas, ni crisantemos, ni de velas, ni huelgas de hambre, solo dedos en mi espalda, descubriendo un sentimiento, una zona erógena.

A veces lloro, como cada día, esperando por fin el día de llorar de alegría.

A veces se hace dura la partida, una triste despedida se clava en las entrañas durante cientos de noches, y otros días.

A veces la guitarra canta sola, a veces es un puñal que amenaza y hace heridas sin sangre, pero sangra, a veces sueño a veces duermo, a veces pinto, pero nunca tengo un ángel en mi cabeza.

A veces miro por mi ventana y no veo Paris, ni Buenos Aires ni Madrid.

A veces no hay voces, ni vasos, ni besos, ni buzos, ni veces.

A veces me veo robando veces -a los escritores- para titular estas veces. A veces entiendo que las veces son de nadie y cualquiera podría escribir estas veces, esas veces y otras veces, tantas veces como quieran.

A veces me levanto, corro, río, suspiro, grito, vivo, revivo y me descubro en esa sala de proyección viendo a tanta gente mirándome. A veces me burlo de mi propia burla.

A veces escribo, dejo saber lo que llevo dentro, a veces disfruto de un buen vino, de una mostaza, una pizza, un carnaval, una velada y una desvelada.

A veces no existo, y me desordeno, me desvío, me quedo a un lado del camino, y toma la primera silla. A veces no hay caminos y vuelo, no hay vuelos y sueño, no hay sueños y camino.

A veces me enveneno, y muero como el hombrecillo de William, me veo en las hojas de hierbas de Whitman, en los corazones oscuros de Don Mario, en las raras letras de eco, las azucenas de miguel, los cuentos de Kafka, la rebeldía del sub, los cuadros numerados de rayuela, los ciegos de Sábato y Saramago, el arte de Huidobro, en la fantasía de renacer de Borges, en las pruebas de amor de Vargas Llosa, la piedra que ilumina de Paz, la antipoesía de Nicanor, la Santalucía de Walcott, la consumación de Aleixandre, o el espejo de Fuentes, la arquitectura de Carpentier, o en los generales de García Márquez, o en cualquier parte. En la que este Neruda, Rulfo, Alberti, Vallejo.

A veces, se agotan las veces.



OBRA: PARIS DESDE MI VENTANA - MARC CHAGALL
"Cuando Chagall pinta, no se sabe si está durmiendo o soñando. Debe tener un ángel en algún lugar de su cabeza".
Pablo Picasso