
Ese color es tan tonto que se me confunde con otro corazón igual de incierto. Han pasado días y me sigo preguntando ¿en qué parte de la historia me perdí? ¿Será que estoy atado a otro tiempo o ando rondando un mundo de diseño?
Mi nombre es Porfirio, desde que me lo dio mi madre en complicidad con mi abuela Australia. Al parecer un nombre muy bien puesto, pues, sin el, hoy no seria simplemente pochogarcés, pero por otro lado hace honra al color de mi piel, como la de mi tío Servando “El Colorado”. He escuchado que en griego hay dos maneras de decir “rojo”: erythros y porphyrius, como mi piel, como mi corazón, el mismo que he estado ofreciendo aun con ese color.
Hay situaciones que hacen exaltar mi color. Una de ellas tiene que ver con mis emociones, con mis sentimientos. Rabias, celos, pudor, vergüenza, emoción, picardía. Por eso digo que el rojo es “tonto”, aunque debería utilizar la palabra "delator", o imprudente, pues deja permear los colores de mi mundo de diseño. Hace poco pensaba que lo que tenemos para dar es lo que somos, pero hoy entendí que también lo que tenemos, y si algo tengo por dentro es color.
El rojo, por ejemplo, no sé cuando hizo suyo todas mis venas, millones de pigmentos a presión por las mangueras recorrían mi todo cuerpo, se dibujaron las arterias y comenzó la reserva del negro para bañar al humor; el blanco para los leucocitos, azul para mi sangre de príncipe; verde para cuando esté mas viejo; naranja para mi parte mecánica; púrpura para cantar Stand By Me en Santa Mónica; marrón para ser esclavo de Willy Wonka; canela para sacar mi propio clavo; morado intenso para mi propia cruz; llevo amarillo para los cristales de amor y una vela rosada para cuando esté dormido.
Algo pasó, porque mis ojos se llenaron de esos locos colores agua y es por eso que me cuesta mirar mas allá del mar, apenas logro ver una diminuta línea que separa el cielo del océano.
Me pregunto entonces ¿este color piel rosa que llevo por fuera, será una señal para irme a la orilla del mar y bañarme eternamente de bronce? ¿o llegar a la provincia de Tierra del Fuego y volverme color de la distancia?
OBRA: El violinista azul - Marc Chagall








3 comentarios:
Deberias volverte color de la distancia... ;)
una vez mas pocho garcs
Nooooooooooooooo........ el color de la distancia no te queda!
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